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El maní argentino, un sabor que conquista el mundo: producción récord, ciencia aplicada y un diferencial dulce que impulsa las exportaciones

  • Foto del escritor: Nacionales
    Nacionales
  • 25 ene
  • 4 Min. de lectura

Con el 95 % de su producción destinada a la exportación, la Argentina se consolida como el principal exportador mundial de maní, con presencia en más de 100 países. De acuerdo con las proyecciones de la Cámara Argentina del Maní, la campaña 2025/26 alcanzaría una producción estimada de 972.500 toneladas de maní en grano, con exportaciones cercanas a las 750.000 toneladas, cifras que ratifican el peso estratégico del cultivo en la economía nacional.


Pero el liderazgo argentino no se explica solo por volumen. El maní argentino tiene identidad propia y un rasgo que lo distingue en los mercados internacionales: es más dulce. Ese atributo, altamente valorado por el consumidor, está directamente vinculado a las condiciones ambientales y de suelo de la principal región productora, en especial Córdoba, y al trabajo científico sostenido que acompaña al sector desde hace décadas.



Ciencia que potencia el sabor y el valor nutricional

Investigaciones desarrolladas en el INTA Manfredi demostraron que el dulzor característico del maní argentino se debe a su mayor contenido de azúcares, especialmente sacarosa. “En los ensayos comprobamos que, con el aporte de micronutrientes como boro y zinc, es posible potenciar aún más esa cualidad en zonas deficitarias”, explicó María José Martínez, responsable del Laboratorio de Calidad de Granos del Área de Mejoramiento Genético Vegetal de la experimental.


El perfil nutricional del grano refuerza su condición de superalimento. El maní argentino contiene 50 % de grasas saludables, con predominio de ácidos grasos omega-9 y omega-6 y fitoesteroles que contribuyen a reducir el colesterol LDL y elevar el HDL. A esto se suma la presencia de tocoferoles —entre ellos la vitamina E— con acción antioxidante y protección de las membranas celulares.


Además, aporta 18 % de carbohidratos, donde la sacarosa cumple un rol central en el sabor; una amplia variedad de minerales (magnesio, potasio, calcio, manganeso, hierro, fósforo, zinc y selenio, entre otros) y 28 % de proteínas, con aminoácidos esenciales de alto valor biológico. Incluso el tegumento que recubre el grano contiene componentes bioactivos con efecto antioxidante para las células.



El clima como aliado del dulzor

El diferencial sensorial tiene una explicación concreta. “Nuestros granos se desarrollan en una de las zonas más frías entre las regiones productoras de maní del mundo, lo que genera un contenido mayor de azúcares respecto de áreas más cálidas”, detalló Martínez. Comparaciones realizadas entre la variedad Florida Runner cultivada en Georgia (Estados Unidos) y la misma sembrada en Córdoba arrojaron un resultado contundente: el maní argentino superó el doble de sacarosa.


Ensayos posteriores confirmaron que, durante el llenado del grano, las temperaturas más bajas favorecen la hidrólisis del almidón hacia sacarosa y activan procesos fisiológicos vinculados a la producción de giberelinas. Investigaciones lideradas por Ricardo Haro lograron diferenciar hasta siete grados de temperatura del suelo, verificando que los ambientes más fríos producen granos más dulces.



Un sabor reconocido por los mercados

Ese rasgo distintivo no pasó desapercibido. “En 1999, importadores de la Unión Europea que visitaron Manfredi nos decían: el maní de ustedes tiene un gusto nativo muy diferencial, más dulce, más rico”, recordó Martínez. Ese reconocimiento fue el punto de partida para profundizar los estudios que hoy respaldan científicamente la ventaja competitiva argentina.


Actualmente, los trabajos continúan junto a equipos de nutrición de cultivos y calidad de granos, en convenios con empresas del sector, evaluando durante cinco campañas consecutivas la aplicación de boro y zinc. “En zonas con deficiencia de boro, como el sur de Córdoba, la fertilización puede potenciar aún más el dulzor del grano”, señaló la investigadora.


Innovación, variedades y apertura de mercados

La línea de investigación también se enfoca en el mejoramiento genético, evaluando cultivares precomerciales y comerciales en ensayos multiambientales para comprender la relación genotipo-ambiente, mejorar la calidad nutricional y garantizar estabilidad productiva. Este trabajo se complementa con estudios doctorales que analizan atributos que no se miden de rutina, ampliando el conocimiento del cultivo.


Un hito clave fue el impulso a los cultivares alto oleico, más saludables y estables en góndola y durante el transporte. Esa mejora, sin embargo, planteó un desafío: el estándar del Codex Alimentarius fijaba un límite de 72 % de ácido oleico, mientras que el maní argentino superaba el 80 %, lo que impedía su ingreso a la Unión Europea.


Gracias a un informe técnico presentado ante el Codex, en 2017 se aprobó una enmienda al estándar, abriendo definitivamente el mercado europeo. Desde entonces, la UE compra de manera regular maní argentino, generando ingreso de divisas y nuevos destinos comerciales.



Un producto con futuro

Producción récord, ciencia aplicada, calidad nutricional y un sabor inconfundible convierten al maní argentino en un caso ejemplar de valor agregado para la exportación. Con base en la investigación pública y la articulación con el sector privado, el cultivo no solo sostiene su liderazgo global, sino que proyecta un futuro de innovación y crecimiento, llevando desde Córdoba al mundo un producto que combina dulzura, salud y competitividad internacional.


Fuente INTA
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