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La captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU. y las diferentes opiniones

  • Foto del escritor: Axel Juncos
    Axel Juncos
  • 3 ene
  • 3 Min. de lectura

El 3 de enero de 2026 Estados Unidos anunció que había realizado una operación militar “a gran escala” sobre Caracas y otras ciudades venezolanas. La acción, anunciada en la madrugada por Donald Trump, incluyó bombardeos y el despliegue de helicópteros de asalto; según Washington, el objetivo era detener al presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.


El propio Trump afirmó que ambos fueron capturados y trasladados fuera del país para enfrentar cargos federales –la Fiscalía del distrito sur de Nueva York los imputó por “conspiración narcoterrorista”, tráfico de cocaína y posesión de armas–.


En Caracas se registraron al menos siete explosiones; el gobierno venezolano denunció “una gravísima agresión imperialista”, acusó a Estados Unidos de atacar objetivos civiles y militares e hizo un llamamiento a la movilización popular. Al mismo tiempo, la vicepresidenta Delcy Rodríguez pidió públicamente “prueba de vida” y advirtió que la operación violaba la soberanía venezolana, mientras que la FAA prohibió los vuelos comerciales en el espacio aéreo de Venezuela debido a la actividad militar.


La legalidad del operativo ha sido objeto de debate en Estados Unidos, pero el gobierno norteamericano sostiene que Maduro, acusado de liderar el Cártel de los Soles, debía responder ante la justicia.


Las primeras reacciones argentinas mostraron una profunda polarización. Desde el oficialismo libertario, el presidente Javier Milei celebró la operación: publicó en X que “La libertad avanza. ¡Viva la libertad, carajo!” y calificó el arresto como un paso necesario para “liberar al pueblo venezolano”. En días previos, durante una cumbre del Mercosur, había denunciado al gobierno de Maduro como una “dictadura atroz e inhumana” y reivindicó la presión de Estados Unidos.


A su vez, la senadora nacional y exministra de Seguridad Patricia Bullrich consideró la jornada “un día histórico”: recordó que Argentina, bajo su gestión, había declarado al Cártel de los Soles como organización terrorista y afirmó que “está llegando la libertad y la paz a Latinoamérica”.


El expresidente Mauricio Macri se sumó a las felicitaciones: escribió que “Latinoamérica recupera un país secuestrado por una dictadura” y celebró “ver llegar a su fin la impunidad de un dictador que se creía eterno”; su primo, el jefe de gobierno porteño Jorge Macri, afirmó que la dictadura venezolana había llegado a su fin y que “Venezuela será libre”.


Otros dirigentes de la alianza PRO y de La Libertad Avanza, como el diputado Waldo Wolff y la legisladora Sabrina Ajmechet, también festejaron el arresto; Wolff remarcó que el régimen chavista violó derechos humanos y amañó elecciones, y Ajmechet dijo sentirse orgullosa de la postura argentina.


En contraste, la oposición peronista y sectores de izquierda repudiaron la operación. La diputada del Frente de Izquierda Myriam Bregman calificó la incursión estadounidense como una “agresión del imperialismo yanqui” y exhortó a movilizarse contra la intromisión extranjera.


El Partido Justicialista emitió un comunicado en el que condenó los bombardeos, defendió la no intervención y denunció la violación de la Carta de Naciones Unidas; advirtió que los ataques constituyen una amenaza para toda la región y reafirmó que América Latina debe ser un territorio de paz y soberanía.


Otros referentes progresistas de la región, como los presidentes Gustavo Petro (Colombia), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Gabriel Boric (Chile), también criticaron la acción militar, subrayando que atenta contra el derecho internacional.


En síntesis, la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha generado un terremoto político. En Argentina, el gobierno de Milei y figuras afines la interpretan como la caída de una dictadura y un triunfo de la libertad, mientras que el peronismo y la izquierda la ven como una violación a la soberanía venezolana y un acto imperialista peligroso.


La polarización de las opiniones refleja tanto la grieta interna argentina como las tensiones geopolíticas en torno a Venezuela: para unos, el arresto abre la puerta a una transición democrática; para otros, inaugura una etapa de inestabilidad y sienta un precedente preocupante de intervencionismo militar en la región.

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