La carne de cerdo gana terreno en la mesa de los argentinos y proyecta un fuerte crecimiento para la próxima década
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El consumo se triplicó en los últimos 20 años y el sector apuesta a seguir expandiéndose

La carne de cerdo atraviesa una transformación histórica en Argentina. Lo que durante décadas fue considerado un alimento asociado principalmente a fiambres y chacinados, hoy se consolida como una alternativa cada vez más frecuente en la alimentación de las familias argentinas, impulsada por mejoras productivas, cambios culturales y una relación precio-calidad que gana protagonismo frente a otras proteínas animales.
Así lo destacó José Arrieta, vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, quien aseguró que el sector logró un crecimiento sostenido durante las últimas dos décadas y que el consumo interno alcanzó niveles impensados años atrás.
“Estos últimos 20 años crecimos de 6 o 7 kilos de consumo por habitante por año a 20 o 21 kilos”, afirmó el dirigente, al describir la evolución de una actividad que continúa expandiéndose en todo el país.
Un sector con rentabilidad y posibilidades de inversión
Según explicó Arrieta, la producción porcina atraviesa actualmente un escenario favorable, caracterizado por una relativa estabilidad económica que permite a los productores proyectar nuevas inversiones.
“El negocio está bueno, está estable, con un costo de alimentación relativamente moderado y un precio de venta que hace varios meses nos está dejando una rentabilidad. No es una locura, pero es una rentabilidad que se puede trabajar y proyectar”, sostuvo.
El dirigente remarcó que gran parte de este crecimiento fue posible gracias a los avances tecnológicos incorporados en genética, nutrición y sistemas de producción, que permitieron obtener animales más eficientes y carnes de mejor calidad.
Más proteína, menos grasa y un producto accesible
Uno de los principales cambios registrados en la industria fue la transformación de las características nutricionales de la carne porcina.
Arrieta aseguró que los avances en alimentación y genética permitieron desarrollar productos mucho más magros que los de décadas anteriores, derribando varios de los mitos históricos que todavía persisten entre algunos consumidores.
“Hoy tenemos un producto de alto valor biológico, con poca grasa, mucha proteína y a un precio muy accesible”, señaló.
Además, explicó que la alimentación de los animales se basa principalmente en maíz y harina de soja, mientras que la investigación genética ha logrado priorizar el desarrollo muscular por encima de la acumulación de grasa.
“Al productor no le pagan más por tener un cerdo con más grasa, sino por tener más músculo”, remarcó.

El desafío de incorporar nuevos cortes al consumo cotidiano
Aunque el consumo de carne porcina viene creciendo de manera sostenida, desde el sector consideran que todavía existe un importante potencial de desarrollo.
Arrieta explicó que muchos argentinos aún desconocen los distintos cortes porcinos y sus posibilidades gastronómicas, una situación muy diferente a la que ocurre con la carne vacuna.
“En la carne vacuna uno tiene hiperincorporados los cortes, va al carnicero y pide determinados nombres. En el caso del cerdo todavía nos falta ese conocimiento”, indicó.
Por ese motivo, una de las estrategias de la industria consiste en promover cortes que puedan reemplazar algunas preparaciones tradicionales elaboradas con carne bovina.
“Lo que buscamos es quebrar esa cultura de consumo de carne bovina para algunos cortes como milanesas, pulpas o hamburguesas. Hoy esos cortes de cerdo pueden reemplazar perfectamente a los vacunos”, explicó.
La meta: alcanzar hasta 28 kilos por habitante
Las expectativas del sector apuntan a mantener la tendencia ascendente del consumo interno durante los próximos años.
De acuerdo con las proyecciones de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, el objetivo es alcanzar entre 27 y 28 kilos por habitante por año hacia 2032 o 2033.
Para lograrlo, consideran fundamental continuar desarrollando campañas de promoción, educación alimentaria y difusión de los beneficios nutricionales de la carne porcina.
Preocupación por las importaciones desde Brasil
Si bien el panorama productivo es positivo, Arrieta reconoció que existe preocupación por el ingreso de carne importada, especialmente proveniente de Brasil, uno de los mayores productores porcinos del mundo.
“Al estar al lado de Brasil, que es uno de los jugadores más importantes a nivel mundial, el tema de las importaciones siempre es una preocupación”, afirmó.
Según explicó, actualmente ingresan al país algunos productos específicos, como bondiolas y lomitos congelados, que luego son comercializados en el mercado interno.
“No es un volumen muy importante, pero claramente molesta”, advirtió.
Un aliado para potenciar las exportaciones argentinas
Más allá del crecimiento del mercado interno, el dirigente consideró que la producción porcina puede desempeñar un papel estratégico dentro del esquema exportador argentino.
En ese sentido, planteó que una mayor presencia del cerdo en la dieta local permitiría liberar parte de la producción vacuna para su comercialización en mercados internacionales, generando mayores ingresos para el país.
“Tenemos que empezar a trabajar en la exportación porque Argentina necesita exportar más carne vacuna. Nosotros podemos reemplazar parte de ese consumo interno y permitir que Argentina venda más carne al mundo”, concluyó.
Con mejores índices productivos, una carne más saludable y precios competitivos, el sector porcino argentino busca consolidar una tendencia que ya comenzó a cambiar los hábitos alimentarios de millones de consumidores y que promete seguir creciendo durante los próximos años.




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