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La Pampa bajó la mortalidad infantil y se despegó de un promedio nacional que volvió a empeorar

  • Foto del escritor: La Pampa
    La Pampa
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura

Mientras la Argentina registró en 2024 un aumento de la tasa de mortalidad infantil —un indicador clave para medir el estado social y sanitario de una población—, La Pampa logró una mejora marcada y se ubicó por debajo del promedio nacional. Los datos surgen del Anuario de Estadísticas Vitales 2024, difundido con un atraso considerable por el Ministerio de Salud de la Nación, y reflejan un escenario desigual entre las provincias.


A nivel país, la tasa de mortalidad infantil pasó de 8,0 por mil nacidos vivos en 2023 —el valor más bajo registrado— a 8,5 por mil en 2024. En términos absolutos, en 2023 se contabilizaron 460.902 nacidos vivos y 3.689 fallecimientos de menores de un año; en 2024, con 413.135 nacimientos, murieron 3.513 bebés. Es decir, nacieron cerca de 47 mil niños menos, pero el indicador empeoró. Según explicó una nota del portal El Destape, si en 2024 se hubiese mantenido la misma cantidad de nacimientos que el año anterior, el aumento de la tasa habría implicado unas 220 muertes infantiles adicionales.


La tasa de mortalidad infantil expresa cuántos bebés mueren antes de cumplir un año por cada mil que nacen vivos en un período determinado. Por eso, su evolución funciona como un verdadero termómetro social: cuando sube, se encienden alarmas sobre posibles fallas en los “escudos” de protección, como la atención durante el embarazo y el parto, la nutrición, el acceso al agua segura, la vacunación y la atención primaria de la salud. En muchos casos, el incremento del indicador señala que el deterioro social comienza a impactar de manera directa en la supervivencia de los sectores más vulnerables.



Una mejora significativa en La Pampa

En ese contexto nacional adverso, La Pampa mostró una evolución inversa. En 2023, la provincia registraba una tasa de mortalidad infantil de 9,0 por mil nacidos vivos, por encima del promedio nacional de ese año. Sin embargo, en 2024 logró reducirla a 6,6 por mil, un descenso significativo que la ubicó claramente por debajo del promedio del país, que se elevó a 8,5.


El dato resulta relevante por dos motivos centrales: por un lado, evidencia una mejora concreta en un indicador extremadamente sensible; por otro, esa mejora se produjo en un año en el que el promedio nacional retrocedió. En un mapa marcado por fuertes desigualdades territoriales, La Pampa se posicionó así como una excepción positiva.



Brechas profundas entre provincias

El Anuario de Estadísticas Vitales también deja en evidencia la disparidad existente entre las distintas jurisdicciones. En 2024, varias provincias superaron ampliamente la tasa nacional: Corrientes (14), Chaco (11,8), Formosa (10,7), La Rioja (11,7), Misiones (9,5), Salta (10,1), San Juan (9,2), Santiago del Estero (10,7) y Tucumán (10,2). En el otro extremo, las mejores cifras del país se registraron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (4,9), Chubut (5,3) y Tierra del Fuego (5,6).


Estas diferencias muestran con crudeza que las chances de sobrevivir al primer año de vida aún dependen en gran medida del lugar de nacimiento, con brechas sanitarias y sociales muy profundas.



Señales de alerta a nivel nacional

Especialistas citados por El Destape advierten que, cuando la mortalidad infantil es baja, la mayoría de las muertes suelen estar vinculadas a causas congénitas o patologías complejas difíciles de evitar. En cambio, cuando el indicador sube de manera abrupta, suelen reaparecer causas reducibles, como infecciones, enfermedades respiratorias o cuadros asociados a la desnutrición.


En esa línea, el diputado nacional y ex ministro de Salud de Tucumán, Pablo Yedlin, remarcó que la mortalidad infantil venía descendiendo de manera sostenida y que este repunte constituye una señal de alarma, por lo que pidió analizar la situación jurisdicción por jurisdicción. Por su parte, el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, señaló que no deben sacarse conclusiones definitivas con un solo año, aunque indicó que el aumento se dio principalmente en el componente neonatal —muertes ocurridas en los primeros 27 días de vida—, un aspecto estrechamente ligado al funcionamiento del sistema de salud y a la calidad de la atención del embarazo y el parto.



Un dato positivo que abre interrogantes

En contraste con ese panorama, la mejora registrada por La Pampa en 2024 se destaca como un dato alentador. La reducción de la mortalidad infantil en un año complejo a nivel nacional abre interrogantes sobre qué políticas, dinámicas del sistema de salud o condiciones de atención lograron sostenerse en la provincia para empujar el indicador hacia abajo cuando, en el resto del país, la tendencia fue inversa.


En un escenario donde la mortalidad infantil vuelve a encender luces de alarma en la Argentina, el desempeño pampeano aparece como una señal positiva y un punto de referencia para analizar qué estrategias pueden contribuir a proteger mejor la vida en los primeros meses.


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