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Peregrinación de libertad: 133 caballos rescatados caminaron 40 kilómetros

  • Foto del escritor: Ñamku Pewma
    Ñamku Pewma
  • 4 ene
  • 3 Min. de lectura

En la madrugada del 28 de diciembre, el golpeteo de los cascos de 133 caballos, yeguas y potrillos interrumpió el silencio en los caminos rurales de Castelli. No era una tropilla cualquiera, sino una caravana conmovedora: animales rescatados del maltrato emprendían una travesía de más de 40 kilómetros para dejar atrás la desidia y comenzar una vida digna.


La tropa está tutelada por la Asociación Contra el Maltrato Animal (ACMA). Desde hace quince años, esta ONG actúa como depositaria judicial: recibe caballos secuestrados por orden de la Justicia, los cuida con normas estrictas y no puede utilizarlos, venderlos ni reproducirlos.


Los equinos vivieron siete años en un campo de Baradero y más de tres en Castelli, hasta que el establecimiento fue vendido y el cuidado se deterioró: las visitas de rutina de ACMA registraron lastimaduras, agotamiento y señales de abandono. Ante ese panorama, la organización alquiló un predio en Pila y decidió trasladar a los animales hacia un sitio más seguro.



Un arreo inesperado

Mover a 133 caballos no fue tarea sencilla. Los caminos internos del establecimiento La Nicolasa estaban tan deteriorados que los camiones no podían llegar; la única alternativa fue arrear a los animales durante más de 30 kilómetros hasta la feria de la Sociedad Rural de Castelli. Allí serían cargados para completar el viaje por ruta.


El operativo estuvo dirigido por Hugo Ferre, un arriero experimentado que ya había cuidado a la tropa en Baradero y que volverá a hacerlo en Pila. Junto a un pequeño grupo de jinetes, partieron a las tres de la madrugada del domingo y arribaron a los corrales cercanos a las ocho de la mañana. El horario no era casual: evitar el calor era crucial, por lo que se planificaron paradas estratégicas para que los caballos tomaran agua y bajaran la temperatura corporal. Cada tramo se diseñó con precisión para reducir el estrés de los animales.



Caminos duros, animales dóciles

El trayecto exigió resistencia. Tramos resecos, piedras sueltas y canto rodado castigaron los cascos; algunos caballos llegaron rengos, aunque se recuperaron tras descansar. Muchas de las lesiones eran antiguas, consecuencia del maltrato y del trabajo forzado como animales de tracción a sangre en el conurbano bonaerense.


A pesar de las adversidades, la marcha se desarrolló con armonía. “Son caballos muy dóciles. Cuando los sacás de la querencia se aquietan y marchan juntos. Los jinetes iban adelante y solo uno detrás, porque los animales tenían más ganas de seguir que de quedarse”, describió el periodista Horacio Ortiz. La docilidad de la tropa y la experiencia de los arrieros fueron clave para completar la peregrinación.



La llegada y un mensaje de esperanza

En la feria de Castelli, los animales fueron distribuidos en corrales y luego cargados en cinco camiones, organizados según tamaño y peso para evitar accidentes. Desde allí recorrieron unos 40 kilómetros más hasta el campo alquilado en Pila, donde continuarán viviendo bajo la tutela de ACMA.


Parte del operativo se transmitió en vivo por las redes sociales de la organización. En Instagram, ACMA compartió un mensaje que sintetiza el espíritu de la jornada: “133 caballos. 133 vidas. Un solo latido… Mañana, desde temprano, vas a poder ver en vivo por nuestras redes cómo se mudan los 133 caballos de Castelli a Pila. Es un momento muy tenso para todos, un traslado enorme, lleno de nervios, cuidados y responsabilidad. Acompañanos con tus buenas energías, miralos, sentilos, rezá con nosotros. Ellos te necesitan una vez más”.



La labor de ACMA y el desafío del maltrato

Las imágenes del arreo se viralizaron y pusieron en agenda el trabajo silencioso de ACMA. La asociación depende de voluntarios y donaciones para garantizar que los caballos rescatados “vivan en libertad el resto de sus vidas”, con controles veterinarios, vacunaciones y cuidados permanentes. Traslados como el de Castelli a Pila implican grandes esfuerzos económicos y logísticos, y evidencian la necesidad de apoyo constante de la comunidad.


La peregrinación desde La Nicolasa hasta Pila no solo rescató a 133 animales; también visibilizó la problemática del maltrato equino y reivindicó la labor de quienes se dedican a combatirlo.


El sonido de los cascos en la madrugada de Castelli resonó como un grito de esperanza: el inicio de una nueva vida para una tropa que, gracias a la solidaridad y la organización, dejó atrás el abandono para abrazar la libertad.

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