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La Pampa despide a Laurentina Ainó, hija de Félix “el Indio” Ainó y ahijada de Juan Bautista Bairoletto

  • Foto del escritor: Axel Juncos
    Axel Juncos
  • hace 1 hora
  • 4 min de lectura

Tenía 108 años, aunque ella solía decir que eran algunos más. Fue madre de 16 hijos, trabajadora rural, criadora de chivas, hija de Félix “el Indio” Ainó y ahijada de Juan Bautista Bairoletto. Su fallecimiento generó profundo pesar en el oeste pampeano.


Telén recibió con profundo pesar la noticia del fallecimiento de Laurentina Ainó, una de sus vecinas más queridas y reconocidas, considerada la pobladora más longeva de la localidad y del oeste pampeano. Murió ayer por la mañana, a los 108 años de edad, aunque quienes la conocían recuerdan que ella misma solía decir, con picardía y memoria de otros tiempos, que en realidad tenía algunos más.


“Doña Laura”, como la llamaban afectuosamente en Telén, fue mucho más que una mujer centenaria. Su vida estuvo atravesada por la historia profunda de La Pampa, por el trabajo rural, la crianza de una familia numerosa, la fe, la fortaleza y una memoria que conservaba relatos de una época en la que la provincia todavía era Territorio Nacional.


La noticia fue visibilizada por el medio victoriquense Con el Alma Noticias, que la despidió con un emotivo mensaje: “Hasta siempre doña Laurentina”. En las redes sociales, vecinos, familiares y allegados comenzaron a compartir recuerdos y palabras de afecto para despedir a una mujer a la que definieron como sociable, amable, solidaria y profundamente querida.



Una vida marcada por la fortaleza y el amor por vivir

Laurentina Ainó nació el 14 de julio de 1917, a orillas del río Salado. Sin embargo, ella explicaba que, en aquellos años, muchas familias que vivían en el campo anotaban a sus hijos en el Registro Civil “cuando podían”, por lo que siempre dejaba abierta la posibilidad de tener más años de los que figuraban oficialmente.


Fue madre de 16 hijos, de los cuales tres fallecieron. Los demás residen entre Telén y Santa Rosa. En alguna oportunidad, Laurentina contó que ocho de sus hijos vivían en Telén y la visitaban diariamente, aunque ya había perdido la cuenta exacta de la cantidad de nietos que tenía.


Desde muy joven conoció el esfuerzo. Durante su adolescencia trabajó como sirvienta y, tras casarse, acompañó a su esposo en las tareas rurales. Nunca esquivó el trabajo duro. Al contrario, solía recordar con orgullo que había hecho “trabajo de hombre” y que, aun con más de un siglo de vida, se sentía fuerte y con ganas de seguir adelante.


Durante gran parte de su vida se dedicó a la crianza de chivas, una actividad típica de la zona oeste. Acostumbraba levantarse temprano, realizar las tareas del hogar, cortar leña con hacha y mantenerse activa. Años atrás, contaba que la única medicación que tomaba era una pastilla para la presión y que rara vez iba al médico.


Incluso durante la pandemia, en 2020, contrajo COVID-19 y logró recuperarse. Quienes la conocían destacaban esa fuerza como una marca de su vida: una mujer creyente, sencilla, resistente y siempre dispuesta a mirar hacia adelante.



El recuerdo de una mujer querida en Telén

Con el Alma Noticias la describió como una mujer que llevaba “en su mirada la sabiduría de los años” y que la transmitía a quien quisiera escucharla. En entrevistas con medios provinciales y nacionales, Laurentina repetía una idea que quienes la rodeaban no olvidan: había que amar la vida por sobre todas las cosas.


Su modo de vivir, su relación con la comunidad y su forma de atravesar las dificultades dejaron una huella profunda en Telén. Para muchos vecinos, doña Laura representaba una memoria viva del oeste pampeano, una persona capaz de unir el pasado con el presente a través de historias familiares, anécdotas rurales y recuerdos de una época difícil, pero también cargada de identidad.


En su último cumpleaños, la imagen de Laurentina con una torta y una sonrisa volvió a circular como símbolo de una vida larga, intensa y profundamente vinculada a su pueblo.



Hija de Félix “el Indio” Ainó y ahijada de Bairoletto

La historia de Laurentina también está ligada a nombres legendarios de la región. Su padre fue Félix “el Indio” Ainó, también conocido como “Marcos Chico”, recordado como uno de los últimos gauchos matreros del oeste pampeano. Además, Laurentina aseguraba ser ahijada del célebre bandido rural Juan Bautista Bairoletto.


Según relató en distintas oportunidades, su padre y Bairoletto se conocieron mientras escapaban de la policía. Laurentina recordaba que, cuando era niña, cuidaba el rancho mientras ellos dormían la siesta para evitar que alguien los molestara.


“No eran hombres malos, sino trabajadores”, solía decir al hablar de aquellos tiempos. También recordaba los castigos que, según su testimonio, sufrían por parte de la policía, en una época de persecuciones, injusticias y vida a la intemperie.


Bairoletto murió en 1941 y Félix Ainó en 1948. La figura de este último quedó incorporada a la memoria popular y cultural pampeana: inspiró al poeta Juan Carlos Bustriazo Ortiz, autor de la poesía “Félix Ainó”, y también aparece en milongas de Julio Domínguez El Bardino.



Un homenaje en vida y una despedida con emoción

El año pasado, Laurentina Ainó fue homenajeada en el hall de exposiciones de la Cámara de Diputados de La Pampa, durante la muestra “Cambiamos la historia”, realizada en conmemoración del Día de los Derechos Políticos de la Mujer. Allí fue reconocida también por haber votado por primera vez en las elecciones de 1951, un hecho histórico para las mujeres argentinas.


Su fallecimiento enluta a Telén y al oeste pampeano, pero también deja una historia de vida difícil de resumir: la de una mujer nacida en el campo, criada entre sacrificios, madre de una familia numerosa, trabajadora incansable, creyente, memoriosa y testigo de más de un siglo de cambios.


Doña Laurentina Ainó se fue a los 108 años, aunque ella tal vez habría corregido el número. Lo que no necesita corrección es el recuerdo que deja: el de una mujer que amó la vida, sostuvo a su familia, honró sus raíces y se ganó el respeto de todo un pueblo.



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