Una abuela de Santa Rosa pelea para evitar que den en adopción a su nieta y reclama mantener unida a su familia
- La Pampa

- 31 dic 2025
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La historia de Claudia Rivas, vecina de Santa Rosa, expone una dura batalla personal, legal y emocional frente a la Dirección de Niñez. A cinco meses del fallecimiento de su hija —quien se quitó la vida—, la mujer lucha para evitar que su nieta más pequeña, de apenas dos años, sea separada de sus hermanos y entregada en adopción.

Rivas es hoy el principal sostén de sus cuatro nietos. El mayor, un niño de 12 años, vive con ella desde hace más de un año. Además, hace dos meses, tras distintas evaluaciones, el organismo provincial le restituyó el cuidado de dos de las niñas. Sin embargo, la situación permanece estancada en relación a la menor del grupo, a quien las autoridades se niegan a entregar, con la intención de iniciar un proceso adoptivo.
“Se resisten a darme a la más chica, con miras a un proceso de adopción”, relató la abuela, visiblemente angustiada. Según explicó, las razones que le fueron comunicadas carecen de sustento claro. “Las explicaciones son sin fundamentos, incoherentes. No me dicen nada concreto que justifique separarla de sus hermanos”, sostuvo.
Claudia asegura contar con las condiciones necesarias para criar a todos los niños juntos, como ya lo viene haciendo. “Estoy peleando por mis nietos. Tengo la capacidad, el amor y la voluntad para cuidarlos. No hay motivos reales para que los separen”, afirmó, remarcando que la fragmentación del grupo familiar profundiza el dolor que ya atraviesan tras la pérdida de su madre.
El caso vuelve a poner en debate el rol del Estado en situaciones de extrema vulnerabilidad, el derecho de los niños a crecer junto a sus hermanos y dentro de su familia biológica, y la necesidad de que las decisiones administrativas se basen en criterios claros, fundados y centrados en el interés superior del niño.
Mientras tanto, Claudia Rivas continúa su lucha en distintos ámbitos, con el único objetivo de reunir a sus cuatro nietos bajo un mismo techo. “No voy a bajar los brazos”, asegura, convencida de que mantener unida a su familia es también una forma de sanar una herida que aún duele profundamente.































