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Hacía pintadas y fue ahorcado y golpeado por policías

  • Foto del escritor: La Pampa
    La Pampa
  • 19 jul 2017
  • 4 Min. de lectura

Un militante de la UCR denunció que lo tiraron al piso, lo golpearon y lo ahorcaron con la campera. "Me dolían hasta las muelas", graficó.

Gerardo Daniel Carballo tiene las manos hinchadas, marcas en el cuello y apenas puede apoyar las planta de los pies en el piso por los dolores. Pasaron 48 horas pero más que las huellas de los golpes, le duele la humillación a la que fue sometido por un grupo de policías de la Seccional Segunda.

En la vereda de su casa del barrio Congreso, en la Neveu, donde tiene un taller y recibe a El Diario, todavía tiene frescos los recuerdos de la madrugada del lunes, cuando lo detuvo la policía mientras hacía pintadas políticas en la colectora de la ruta 5. Terminó en el hospital con un pico de presión. Pero cuando le dieron el alta llegó lo peor: un grupo de quince policías lo golpeó en el piso y lo sometió a una especie de linchamiento.

El mismo lunes al mediodía Carballo hizo la denuncia ante el fiscal Máximo Paulucci. Allí, un forense comprobó los golpes en las piernas, las manos hinchadas y las marcas en el cuello. Hasta ahora, ninguna autoridad oficial se comunicó con él. La denuncia es una más que se suma a la lista de apremios de efectivos de la fuerza que comanda el ministro de Seguridad, Juan Carlos Tierno, que promueve la mano dura por parte de la fuerza.

“Un regalito del subcomisario”

Carballo es militante de la UCR y la madrugada del lunes hacía pintadas en la colectora de la ruta 5, cerca del Tiro Federal, junto a Javier Torroba (hijo de Francisco, el diputado nacional) y Emiliano Pigñol.

Una patrulla paró para identificarlos. “Es normal”, reconoció Carballo. Se habían olvidado la billetera. Carallo dijo que se subió a su camioneta para no discutir con los policías y esperó que fueran a buscar la documentación a su casa. Cuando los policías averiguaron por los antecedentes, saltó que el militante tenía pendiente una notificación por una falta. Le dijeron que lo iban a llevar preso. Torroba, abogado, les dijo que no era necesario, que estaba vencida la notificación y que al otro día podía presentarse.

El policía llamó por radio y dijo que venía el jefe. Según consta en la denuncia, un subcomisario de apellido Soloa arribó al lugar. A esa altura de la discusión, Carballo, que padece una polineuropatía diabética en manos y pies, le dijo que se sentía mal.

Sacó un certificado de discapacidad pero el uniformado se lo tiró en la cara. Luego llamó a la ambulancia y el médico que lo observó pidió que lo llevaran al hospital. El jefe policial lo acompañó en la ambulancia y, según contó, lo “verdugueaba” porque le hacía “perder el tiempo”.

En el Molas lo medicaron para que le baje la presión. Después de un rato, Torroba se fue porque la situación parecía normal. A los 20 minutos, le dieron el alta. En la puerta del hospital no había taxi y Carballo le dijo a los guardias si lo podían alcanzar. “Sí, ahora llamamos y viene un regalito que te dejó el subcomisario”, le contestaron.

En ese momento aparecieron cuatro móviles policiales de la Segunda, con más de diez efectivos. “Alcancé a identificarme, mostrar el DNI, y cuando guardé la billetera uno me hizo una zancadilla y se me vinieron todos encima. Me pusieron las manos adelante y dos se me pararon sobre las manos. Uno me metió un dedo en el culo (sic). Otro me tenía los pies y los otros me pegaban patadas en las plantas. Después cuando me paré me dolían hasta las muelas”, relató.

Pero eso no fue todo. El momento más violento llegó cuando casi lo ahorcaron con su propia campera. “Uno me apoyó la rodilla en la cabeza. Y otro me tiró de la ropa hasta ahogarme. Me quedaba sin aire”, confió.

Después de la “patoteada”, los policías lo trasladaron hasta la Segunda. Dijo que lo ingresaron a una sala con una pared acolchada, para no dejar marcas, según supuso, contra la que lo empujaron.

“Hicieron como un caminito y a medida que pasaba se me reían, me decían ‘ahí va el pesado’.

Un policía se me acercó y me dijo que no me reía cuando me había metido un dedo en el culo (sic), durante la patoteada. Ahí le tiré un cabezazo y intervinieron dos oficiales”, describió.

“Llamaron al médico y apareció a las 5 de la mañana. Yo le mostré las manos, las tenía destruidas. Le conté que tomo morfina y anticonvulsionante por mi patología. El les dijo que no me podían tener ahí por mi discapacidad y se fue. Como tendría las manos que cuando me llevaron a la central no me pudieron tomar las huellas dactilares”, explicó a El Diario.

A las 9 de la mañana lo liberaron y fue a la fiscalía de turno a hacer la denuncia. Al mediodía lo revisó un forense. En las próximas horas hará una ampliación ante el fiscal Máximo Paulucci. Solo registró tres rostros de los policías que le pegaron. Pero quiere, más calmo y frío, aportar otros detalles que puedan guiar a la investigación judicial.

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