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A siete años del adiós a Alberto Cortez: homenaje al poeta de las cosas simples

  • Foto del escritor: Axel Juncos
    Axel Juncos
  • hace 6 horas
  • 3 Min. de lectura

Hoy, 4 de abril de 2026, se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Alberto Cortez, el cantautor pampeano que conquistó América Latina y España con su voz templada, sus textos poéticos y un repertorio de canciones que se convirtieron en clásicos. Su desaparición física se produjo el jueves 4 de abril de 2019 en el Hospital Universitario HM Puerta del Sur, en Móstoles, España. Había sido internado el 27 de marzo por una hemorragia gástrica y falleció a las 13:30 GMT a causa de un fallo multiorgánico. Su entorno confirmó que la dolencia lo obligó a cancelar la gira latinoamericana que tenía prevista. Tenía 79 años y residía en Madrid desde la década de 1960.


Orígenes: de Rancul al mundo

Alberto Cortez nació como José Alberto García Gallo el 11 de marzo de 1940 en Rancul, La Pampa. Según su propia biografía, a los seis años ingresó en el conservatorio Alberto Williams donde comenzó sus estudios musicales. Con solo 12 años escribió su primera canción, “Un cigarrillo, la lluvia y tú”, y en la adolescencia se trasladó a San Rafael (Mendoza) para seguir estudiando música en el Conservatorio Chopin. A los 17 años se convirtió en el vocalista de la orquesta Arizona, donde era conocido como “Chiquito García”. Poco después se mudó a Buenos Aires, intentó estudiar Derecho y Ciencias Sociales, pero abandonó la universidad para dedicarse a cantar en bares y orquestas. Allí empezó a usar el seudónimo Alberto Cortez.


El salto internacional llegó a los 20 años, cuando viajó a Amberes (Bélgica) como miembro del Argentine International Ballet Show. Grabó sus primeros discos y su versión del “Sucu Sucu” alcanzó el primer puesto en Europa. En aquel país conoció a Renée Govaerts, con quien se casó en 1964. Ese mismo año fijaron residencia en Madrid, ciudad desde la que Cortez desarrolló la mayor parte de su carrera.



Canciones que cruzaron fronteras

A principios de los 60 lanzó varios sencillos bailables, pero su evolución artística se consolidó con el álbum “Poemas y canciones, Vol. I” (1967). En ese disco musicalizó versos de Pablo Neruda, Jaime Dávalos y Atahualpa Yupanqui, antecedente de las versiones que posteriormente haría de poetas como Antonio Machado. Su inclinación por la poesía lo llevó a escribir canciones que retrataban la amistad, el paso del tiempo, la nostalgia y las pequeñas escenas cotidianas. Así nacieron temas como “Cuando un amigo se va”, “Mi árbol y yo”, “En un rincón del alma”, “Callejero”, “A partir de mañana”, “Te llegará una rosa”, “Castillos en el aire” y “El abuelo”. La prensa destacó que estas obras tocaron el alma de varias generaciones.


Su lírica partía de lo sencillo: el relato de un amigo perdido, la historia de un perro callejero, el árbol plantado en la infancia. El propio artista explicaba que intentaba abordar “las cosas más simples de la vida” porque en ellas reside la verdadera importancia. La crítica lo bautizó “el poeta de las cosas simples”, un título que acompañó toda su trayectoria. Entre sus colaboraciones más recordadas se encuentran los álbumes “Lo Cortez no quita lo Cabral” (1994/1995) y “Cortezías y cabralidades” (1998), junto al trovador argentino Facundo Cabral, donde la dupla combinó humor, reflexión y música popular.


A lo largo de su vida grabó más de cuarenta álbumes y vendió millones de copias. Su discografía incluye obras como Distancia (1970), No soy de aquí (1971), Como el primer día (1983) y Fe (1998). También publicó libros de poesía y narraciones, y participó en películas como actor.



Premios y reconocimientos

La trayectoria de Alberto Cortez fue reconocida dentro y fuera de la Argentina. En 2001 recibió el Premio de Honor a la Trayectoria de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) y en 2007 la Academia Latina de la Grabación le otorgó el Grammy Latino a la Excelencia Musical. También fue galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes por el gobierno español en 2015. Poseía varios discos de oro y Heraldos de Oro, y su espectáculo junto a Facundo Cabral recorrió escenarios de todo el mundo.



El legado del trovador

Alberto Cortez escribió y cantó desde su propia experiencia: “Soy un animal de escenario, necesito que mi oficio sea la vida”, dijo alguna vez. Su combinación de poesía y melodía influyó en cantautores de toda Iberoamérica. Artistas como Joan Manuel Serrat, María Dolores Pradera, Mercedes Sosa y el grupo Attaque 77 grabaron sus canciones, demostrando la versatilidad de su obra. Aunque vivió en España, nunca olvidó sus raíces pampeanas; solía decir que “el mundo es un arrabal de la Pampa” y dedicó numerosas canciones a su tierra natal.


Hoy, a siete años de su partida, la voz de Alberto Cortez sigue vibrando en cada versión de “Cuando un amigo se va” o “Callejero”. Su legado trasciende el tiempo porque supo convertir las emociones simples en arte. Recordarlo es volver a escuchar sus letras y entender que, como reza uno de sus versos, “no soy de aquí ni soy de allá”, pero siempre permanecerá en un rincón del alma de quienes lo escuchan.



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