La expansión del jabalí desde La Pampa enciende alertas en el sudoeste bonaerense
- La Pampa

- hace 1 día
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Productores y vecinos de Tres Arroyos y Coronel Pringles advierten una presencia creciente de ejemplares en campos y caminos rurales. Los daños en cultivos, silobolsas e infraestructura se multiplican, mientras especialistas alertan que la caza aislada no resulta suficiente para controlar una especie de rápida reproducción y gran capacidad de adaptación.

La expansión del jabalí europeo, una especie introducida hace más de un siglo en La Pampa, comenzó a generar una creciente preocupación en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Productores y habitantes de zonas rurales aseguran que cada vez resulta más frecuente observar ejemplares en campos, montes y caminos ubicados en la franja limítrofe entre los partidos de Tres Arroyos y Coronel Pringles.
La situación ya es considerada un problema instalado. Los animales avanzan sobre nuevas áreas productivas, provocan daños económicos de importancia y también representan un riesgo para la seguridad vial y la salud pública.
La población que actualmente se desplaza por territorio bonaerense tendría su origen en los ejemplares de jabalí europeo introducidos a comienzos del siglo XX en el entonces Territorio Nacional de La Pampa, principalmente con fines de caza deportiva.
Con el paso de las décadas, los animales se adaptaron a las condiciones ambientales, se reprodujeron y ampliaron progresivamente su territorio. En la actualidad, el jabalí es considerado una especie exótica invasora debido a su impacto sobre los ecosistemas naturales, la producción agropecuaria y la infraestructura rural.
“Es una especie exótica, no es nativa de la Argentina y está entre las especies animales más invasivas del planeta. Donde pudo expandirse, se fue expandiendo”, explicó Francisco Pescio, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
Una reproducción acelerada y pocos controles naturales
Una de las principales razones que explican el crecimiento de la población es su elevada capacidad reproductiva. Sergio Vitali, propietario de una armería de la zona de Tres Arroyos y conocedor de la problemática, señaló que una hembra puede comenzar a reproducirse aproximadamente a los seis meses de vida y tener entre seis y ocho crías.
Esa característica, sumada a su facilidad para adaptarse a distintos ambientes y a la ausencia de depredadores naturales, permite que las poblaciones crezcan rápidamente.
El médico veterinario Carlos Bodanza indicó que la expansión de los cultivos de maíz también contribuyó a generar condiciones favorables para el avance de la especie.
“Con la llegada de muchos cultivos de maíz, que incluso gana hectáreas todos los años en zonas como la nuestra, el jabalí empezó a expandirse. A eso se sumaron los incendios que hubo en La Pampa, que también empujaron a los animales hacia la provincia de Buenos Aires”, sostuvo.
Los cambios ocurridos en la vida rural aparecen como otro factor a tener en cuenta. Décadas atrás había una mayor cantidad de familias y trabajadores viviendo de manera permanente en los establecimientos agropecuarios, lo que generaba una presencia humana constante.
“Antes había mucha más gente viviendo en los campos y, de alguna manera, el hombre era parte del control de las poblaciones. Eso hoy tampoco existe”, explicó Bodanza.
Cultivos arrasados y silobolsas destruidas
La proliferación de jabalíes provoca daños directos sobre los cultivos de maíz, trigo y soja. Las piaras ingresan en los lotes, se alimentan de los granos y pueden destruir grandes superficies antes de la cosecha.
Uno de los inconvenientes más costosos para los productores es la rotura de silobolsas. Los animales utilizan sus colmillos para abrir el plástico a pocos centímetros del suelo y, debido al peso del cereal almacenado, la bolsa puede terminar vaciándose por completo.
“Rompen los silobolsas con los colmillos. Los rajan a una altura de 30 centímetros y por el peso del cereal se vacían totalmente”, describió Vitali.
A las pérdidas de granos se suman alambrados dañados, instalaciones rurales deterioradas y afectaciones sobre la producción ganadera y los ambientes naturales.
De acuerdo con estimaciones citadas por Pescio, las pérdidas generadas por el jabalí y sus cruzamientos con cerdos domésticos podrían ubicarse entre los 1.400 y los 1.600 millones de dólares anuales en la Argentina.
Los especialistas explicaron que los jabalíes también pueden cruzarse con cerdos domésticos y dar origen a ejemplares híbridos, conocidos popularmente en el ámbito rural como “chanchos malos”. Estos animales conservan buena parte de la resistencia y el comportamiento agresivo de la especie silvestre.
Un peligro creciente en las rutas
La presencia de jabalíes no se limita a los campos. También comenzaron a registrarse ejemplares en caminos vecinales, rutas y sectores cercanos a zonas pobladas.
La aparición repentina de animales de gran tamaño representa un serio riesgo para los conductores, especialmente durante la noche o en sectores con escasa visibilidad. La preocupación alcanza a diferentes puntos del sudoeste y centro bonaerense, entre ellos Tornquist, Sierra de la Ventana, Tandil y Olavarría.
Un choque con un jabalí puede ocasionar importantes daños materiales y poner en peligro la vida de quienes circulan por las rutas, debido al peso y la contextura de los ejemplares adultos.
La caza no alcanza para frenar la expansión
Aunque la caza está permitida bajo determinadas condiciones y requiere una autorización del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, los especialistas consideran que esta práctica, realizada de manera aislada, no permite reducir significativamente la población.
“La realidad es que con la caza, incluso con perros, lo único que se logra es moverlos de lugar. Es imposible erradicar la población cuando hay cientos de ejemplares recorriendo los montes”, afirmó Vitali.
Según explicó, en una jornada de caza pueden retirarse dos o tres animales, una cantidad mínima frente a la dimensión que alcanzaron algunas piaras.
“¿Cuántos te vas a llevar? ¿Dos, tres? Y con perros también, dos o tres, cuando hay cientos”, resumió.
Pescio señaló que las trampas destinadas a capturar una piara completa pueden ser más efectivas, aunque requieren una planificación cuidadosa. Los jabalíes tienen un comportamiento desconfiado y, ante la presencia de rastros humanos o una situación de peligro, pueden abandonar definitivamente un lugar.
“Las trampas son muy efectivas para agarrar la piara, pero si el animal se asusta o detecta rastros, probablemente no vuelva a acercarse. Hay que diseñar estrategias para que eso no ocurra”, indicó.
El riesgo sanitario de consumir carne sin analizar
La expansión de la especie también genera preocupación por la caza destinada al consumo familiar o a la elaboración artesanal de chacinados.
Los veterinarios remarcaron que la carne debe ser sometida obligatoriamente a estudios de laboratorio antes de ser consumida. Los jabalíes pueden ser portadores de triquinosis, tuberculosis y otras enfermedades transmisibles a las personas.
“La seguridad sanitaria la da la carne que ha pasado por un frigorífico”, afirmó el médico veterinario Diego Pigueiras.
El profesional recordó que los animales silvestres no tienen controles sanitarios previos y que una apariencia saludable no garantiza que la carne esté libre de enfermedades.
“Son animales que no tienen ningún tipo de control: triquina, tuberculosis o un sinfín de enfermedades que pueden transmitir”, advirtió.
Pescio también alertó sobre la elaboración y circulación de embutidos sin conocer el origen de la materia prima.
“El problema es no saber de dónde salió ese salame y si se hizo o no el control de triquinosis. Si no hay frigoríficos habilitados, queda la posibilidad de una faena sin control sanitario”, explicó.
Bodanza recordó un importante brote de triquinosis investigado en Mayor Buratovich, partido de Villarino, presuntamente relacionado con embutidos elaborados con carne de jabalí.
Los productos no habían sido comercializados, pero fueron compartidos entre familiares y amigos. Como consecuencia, se habrían registrado más de 30 personas infectadas.
Una problemática que requiere respuestas coordinadas
Ante el avance de la especie, el Ministerio de Ambiente bonaerense autorizó en mayo la caza de control del cerdo silvestre en determinadas áreas destinadas a la conservación del venado de las pampas.
La medida busca reducir la presión que ejerce esta especie invasora sobre la fauna nativa y sobre las actividades agropecuarias. También establece condiciones sanitarias para el manejo y eventual aprovechamiento de los ejemplares capturados.
Sin embargo, productores y especialistas coinciden en que no existe una solución sencilla. El jabalí se desplaza sin reconocer límites entre partidos o provincias, por lo que cualquier estrategia aislada termina teniendo un alcance reducido.
El control de la población requerirá acciones sostenidas y coordinadas entre organismos públicos, productores agropecuarios, entidades rurales, municipios, especialistas y autoridades sanitarias.
Mientras tanto, la presencia creciente de ejemplares en el sudoeste bonaerense confirma que el problema dejó de ser una amenaza lejana. Los jabalíes ya forman parte del paisaje rural de la región y su expansión obliga a pensar respuestas integrales antes de que los daños económicos, ambientales y sanitarios sean todavía mayores.




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