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La UCR pampeana ante una decisión de fondo: ampliar las alianzas sin perder el rumbo

  • Foto del escritor: Axel Juncos
    Axel Juncos
  • hace 7 horas
  • 3 min de lectura

La posibilidad de confluir con La Libertad Avanza y Comunidad Organizada abre una discusión que va más allá de las elecciones de 2027. El radicalismo deberá resolver qué acuerdos está dispuesto a construir, con qué programa y qué lugar pretende ocupar en una eventual coalición opositora.


El radicalismo pampeano llega a este sábado 5 de septiembre con una discusión que puede modificar el escenario político provincial. Detrás del debate sobre las alianzas aparece una pregunta que compromete su futuro: hasta dónde ampliar los acuerdos para disputar el gobierno y cómo hacerlo sin desdibujar las razones por las que una parte de la sociedad sigue eligiendo a la UCR.


La jornada está convocada desde las 14 en la sede partidaria de Santa Rosa. Primero sesionará la Convención Provincial y, posteriormente, la Asamblea Extraordinaria, donde se pondrá en consideración la posibilidad de avanzar en conversaciones con otras fuerzas. Esa distinción importa: autorizar negociaciones no equivale a constituir un frente electoral ni a resolver candidaturas. Sí puede abrir una puerta políticamente difícil de volver a cerrar. Diario Textual


Entre los posibles interlocutores aparecen el PRO, Mofepa, MID y el Partido del Frente, junto con dos incorporaciones que concentran la atención: La Libertad Avanza y Comunidad Organizada. La eventual convivencia con estos últimos espacios introduce una discusión distinta de la simple continuidad de acuerdos anteriores. La Arena



El primer problema es confundir amplitud con fortaleza. Una alianza puede reunir más partidos y, aun así, ofrecer menos certezas. Todo depende de qué los una, de cómo resuelvan sus diferencias y de la confianza que logren transmitir.


Para quienes defienden una apertura, el argumento electoral resulta comprensible: una oposición fragmentada puede facilitarle el camino al peronismo. Desde esa perspectiva, negociar con fuerzas que antes estuvieron enfrentadas sería una manera de construir una alternativa competitiva. La política admite acuerdos entre sectores distintos; exigir coincidencias absolutas haría imposible casi cualquier coalición.


Pero ese razonamiento tiene un límite. Los votos no se trasladan automáticamente de un partido a otro porque sus dirigentes compartan una lista. Un acuerdo puede atraer electores y, al mismo tiempo, alejar a quienes no se sienten representados por los nuevos socios. Por eso, sumar resultados anteriores como si fueran votos disponibles para 2027 sería una lectura demasiado cómoda.


La UCR tendrá que explicar qué contenido propone para esa eventual unidad. Educación pública, salud, funcionamiento del Estado, producción y relación entre la Provincia y la Nación son asuntos sobre los que cualquier aspirante a gobernar deberá presentar respuestas. Si esas definiciones quedan postergadas hasta después del reparto de candidaturas, la alianza empezará por su parte más frágil.


También está en juego el lugar del radicalismo dentro del armado. Una cosa es impulsar una coalición y otra es integrarla sin capacidad suficiente para orientar sus decisiones. La amplitud puede convertirse en una oportunidad si la UCR consigue transformar sus propuestas en compromisos compartidos. Puede volverse un problema si termina aceptando condiciones que luego le resulte difícil defender ante sus propios votantes.


Con La Libertad Avanza aparece, además, un interrogante inevitable: qué autonomía tendría un acuerdo provincial frente a la agenda nacional. Una coalición pampeana necesitaría establecer cómo actuar cuando las conveniencias de sus socios nacionales entren en tensión con las necesidades de la provincia. Dejar ese punto librado a la buena voluntad sería trasladar el conflicto hacia adelante.


La posible incorporación de Comunidad Organizada exige también explicaciones. Las diferencias políticas no desaparecen con una fotografía conjunta. Pueden procesarse, discutirse y dar lugar a compromisos nuevos, pero requieren argumentos públicos. El electorado tiene derecho a saber qué cambió para que sectores antes distanciados consideren ahora un proyecto común.



Para el peronismo, una oposición más amplia representaría un desafío, aunque su alcance dependerá de la consistencia del acuerdo. Si sus adversarios logran ofrecer una propuesta reconocible y reglas claras, podrían elevar la exigencia de la competencia electoral. Si solo consiguen reunir nombres, dejarían al oficialismo un argumento sencillo: cuestionar su capacidad para gobernar juntos.


Tampoco al peronismo le alcanzaría con señalar contradicciones ajenas. Una alternativa opositora creíble lo obligaría a discutir con mayor intensidad su propia gestión, sus prioridades y su propuesta de continuidad. Esa podría ser una consecuencia favorable para el debate público: que la disputa se concentre en qué necesita La Pampa.


La asamblea radical puede iniciar ese proceso, pero difícilmente lo resuelva por completo. Después de cualquier autorización vendrán las conversaciones concretas, los desacuerdos y las decisiones que tienen costo.


El verdadero alcance de esta jornada se conocerá cuando la UCR explique qué está dispuesta a acordar y qué compromisos pretende preservar. Porque una alianza empieza a ser una alternativa de gobierno cuando puede decirles a los ciudadanos para qué quiere ganar.


AXEL JUNCOS
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