Medicina en La Pampa: la primera camada avanza con prácticas clínicas, trabajo en territorio y formación comunitaria
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La carrera de Medicina de la Universidad Nacional de La Pampa atraviesa su primer año con una propuesta que busca alejarse del modelo basado exclusivamente en aulas y exámenes. Los estudiantes ya realizan prácticas de habilidades clínicas, trabajan en laboratorios de morfofisiología y microscopía digital y recorren barrios de Santa Rosa para conocer de cerca las realidades sociales y ambientales de la comunidad. La primera cohorte comenzó con 720 inscriptos y, mientras avanza la formación, la Facultad ya prepara los contenidos de segundo año.

A pocos meses de haber comenzado a escribir una página inédita para la educación superior pampeana, la carrera de Medicina de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) empieza a mostrar en la práctica cuál será el perfil de los profesionales que pretende formar: médicos y médicas con una sólida preparación científica, pero también vinculados desde los primeros años con los pacientes, el sistema sanitario y las comunidades en las que algún día podrán ejercer.
La carrera comenzó en febrero de 2026 con una primera cohorte de 720 estudiantes. Durante el Tramo Inicial se abordaron contenidos relacionados con Biología, Química y Genética, además de herramientas destinadas a facilitar el paso desde la escuela secundaria hacia la vida universitaria.
De aquel grupo inicial, aproximadamente un tercio finalmente no comenzó la cursada, mientras que otro tercio continúa actualmente transitando las materias anuales y cuatrimestrales correspondientes al primer año.
El director de la carrera, Claudio Berardi, explicó que aquel primer tramo estuvo integrado por Introducción a las Ciencias Biológicas, Introducción al Ciclo Vital y el Taller de Alfabetización Académica, este último pensado especialmente para acompañar la transición entre la educación media y la universidad.
Pero desde el comienzo hubo algo más que teoría. Los estudiantes tuvieron sus primeros acercamientos a las habilidades de bioseguridad dentro de espacios de simulación clínica, dando así los primeros pasos hacia situaciones que formarán parte de su futura vida profesional.
Del aula al cuerpo humano
Con el avance del año, una de las materias centrales pasó a ser Articulación Clínica I, donde los estudiantes comienzan a relacionar Anatomía, Histología y Fisiología a partir del estudio integrado de los diferentes sistemas del cuerpo humano.
La intención, explicó Berardi, no es presentar todos los conocimientos de las ciencias básicas como compartimentos aislados, sino enseñar a pensar qué información resulta necesaria para comprender y resolver los problemas de salud que aparecen con mayor frecuencia en la población.
“Lo que se busca no es homogeneizar los contenidos, como si todo tuviera la misma relevancia a la hora de estar frente a un paciente”, explicó. El desafío consiste en preguntarse cuáles son las enfermedades y los motivos de consulta más frecuentes y, a partir de allí, determinar qué conocimientos científicos necesita incorporar el futuro profesional.
Ese enfoque se complementa todas las semanas con el trabajo en los laboratorios de Morfofisiología y Microscopía Digital.
Allí los estudiantes trabajan con guías, casos, bibliografía, maquetas tridimensionales, material biológico perteneciente a la osteoteca, preparados de tejidos, recursos digitales y material cadavérico mínimo. También utilizan microscopios de alta resolución y última generación disponibles en la UNLPam para la observación de tejidos humanos.
El objetivo es que aquello que se estudia en un libro o se escucha durante una clase pueda observarse, analizarse y comprenderse a través de diferentes herramientas.
Las primeras habilidades clínicas
El contacto con la práctica tampoco queda reservado para los últimos años de la carrera.
Los estudiantes destinan semanalmente horas específicas al entrenamiento en habilidades y simulación clínica, incorporando progresivamente procedimientos y conocimientos que serán indispensables cuando llegue el momento de atender a una persona.
Las primeras experiencias incluyeron cuestiones aparentemente sencillas, pero fundamentales para cualquier ámbito sanitario, como el correcto lavado de manos, la colocación de guantes y la utilización de vestimenta de bioseguridad.
A ello se sumaron prácticas de reanimación cardiopulmonar (RCP), medición de la presión arterial y antropometría, mientras avanzan paulatinamente hacia conocimientos vinculados con la historia clínica, la anamnesis y el examen físico.
Berardi remarcó que cada una de esas herramientas se incorpora sin perder de vista “una concepción ética y humana del cuidado”.
La metodología incluye además el aprendizaje basado en problemas. Los alumnos son colocados frente a situaciones y casos concretos que los obligan a investigar, buscar evidencia científica, discutir alternativas y trabajar en equipo.
Para el director, este modelo permite comprender por qué los currículos centrados en el estudiante se convirtieron en un estándar de la enseñanza médica contemporánea.
Los barrios también son parte del aula
Uno de los rasgos que busca distinguir a la carrera es que los futuros profesionales no conozcan solamente enfermedades, diagnósticos y tratamientos, sino también cómo y dónde viven las personas que algún día llegarán a sus consultorios.
Por eso, desde el cuatrimestre pasado los estudiantes salen a diferentes barrios de Santa Rosa acompañados por tutores docentes vinculados con los Centros de Salud.
Las recorridas no son visitas ocasionales. Durante esas experiencias realizan observaciones sistemáticas, toman datos y completan guías de relevamiento socioambiental.
El propósito es comprender que la salud de una persona también está atravesada por su vivienda, su entorno, sus condiciones sociales, sus posibilidades de acceso a los servicios y numerosas circunstancias que difícilmente puedan conocerse únicamente dentro de un aula universitaria.
“Se hacen salidas al territorio, pero con una lógica de no saturar los barrios, sino aprender de ellos”, explicó Berardi.
El proceso culmina con la instalación de carpas saludables, donde se desarrollan actividades de promoción, prevención y educación para la salud y, al mismo tiempo, se recogen inquietudes y demandas de los propios vecinos.
De esta manera, la universidad no solamente llega al territorio para observar: también busca devolver a la comunidad parte de lo aprendido.
Una carrera que busca integrar conocimientos
Las situaciones detectadas durante las recorridas permiten además relacionar diferentes materias. Los estudiantes pueden recuperar contenidos de Articulación Clínica I o de Formación del Cuerpo Humano para abordar cuestiones vinculadas con la salud de la mujer, derechos, gestación, desarrollo embrionario, genética aplicada al diagnóstico temprano y consejería, entre otras temáticas.
El plan de estudios incorpora también Psicología y Promoción de la Salud, reforzando una concepción integral de la medicina que procura mirar al paciente más allá de una enfermedad puntual.
“No hay un cúmulo de materias y exámenes; hay un currículo que demanda mucho trabajo, articulación e integración permanente”, sintetizó Berardi.
Según señaló, esa metodología comienza a ser reconocida por los propios estudiantes durante las prácticas reflexivas y las clases semanales.
Ya preparan el segundo año
Mientras la primera cohorte continúa avanzando, el desafío académico no se detiene. Los equipos docentes ya trabajan en la elaboración del material correspondiente a las asignaturas de segundo año, preparando contenidos y recursos para cada uno de los escenarios de aprendizaje.
Paralelamente, se mantienen las propuestas de acompañamiento estudiantil y el curso de preingreso no obligatorio, destinado a reforzar conocimientos básicos considerados esenciales para comenzar la carrera.
Otro de los objetivos es consolidar un sistema de evaluación que no dependa exclusivamente de un examen escrito tradicional, sino que contemple las distintas experiencias y competencias desarrolladas durante la formación.
La meta, señaló Berardi, es avanzar hacia una carrera que tenga como pilares la “excelencia académica, honestidad intelectual y humanización de los cuidados de las personas”.
Más de 150 profesionales locales ya se capacitaron como docentes
El crecimiento de Medicina también abrió otro desafío: formar a quienes tendrán la responsabilidad de enseñar a las próximas generaciones de profesionales.
La secretaria académica, Alejandra Maldini, destacó que hasta el momento 150 profesionales de la salud de La Pampa realizaron formación docente universitaria. Entre ellos hay médicos, enfermeros, kinesiólogos, bioquímicos y especialistas de otras disciplinas.
El cuerpo académico se complementa con profesores adjuntos provenientes de otras universidades, docentes con trayectoria que viajan a La Pampa para acompañar la etapa inicial de la carrera.
Para Maldini, la Facultad de Ciencias de la Salud y Medicina deben entenderse como construcciones colectivas.
“Tenemos que ser conscientes de que la Facultad de Salud y la carrera de Medicina son logros colectivos, con una comunidad que necesitaba tener enfermeros y médicos locales que sepan de las características de nuestra gente”, sostuvo.
En ese proceso también destacó la participación de la Red Provincial de Salud, dispuesta a funcionar como hospital escuela, y el compromiso de los profesionales pampeanos que comenzaron a capacitarse para asumir funciones docentes universitarias.
El futuro edificio, junto al complejo hospitalario
Por el momento, las actividades académicas se desarrollan en la subetapa 2 del campus de la UNLPam, sobre la Ruta Nacional 35, mientras continúa el proceso previsto para concretar la futura sede de la Facultad de Ciencias de la Salud.
El nuevo edificio estará emplazado dentro del predio del Complejo Hospitalario René Favaloro–Lucio Molas, en Santa Rosa.
La ubicación permitirá que la formación universitaria y la actividad sanitaria convivan dentro de un mismo entorno, acercando aún más a los estudiantes a hospitales, profesionales, pacientes y servicios de diferente complejidad.
Así, aquel proyecto que comenzó a materializarse en febrero con cientos de estudiantes dando sus primeros pasos universitarios empieza a ingresar en una nueva etapa.
Todavía falta un largo camino hasta que la primera camada reciba su título. Pero durante estos primeros meses la carrera comenzó a definir su identidad: menos distancia entre la universidad y la calle, entre las ciencias básicas y los problemas cotidianos de salud, y entre la formación académica y las personas que algún día estarán del otro lado del consultorio.
En definitiva, el desafío que asumió la UNLPam va mucho más allá de abrir una nueva carrera. Se trata de formar médicos y médicas en La Pampa, con conocimiento científico y experiencia práctica, pero también con una comprensión temprana de la realidad social y sanitaria de la población a la que estarán llamados a cuidar.




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