Incendios forestales en la Patagonia : una combinación de clima, expansión urbana y agrícola y decisiones políticas
- Axel Juncos

- hace 3 horas
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Los incendios forestales han sido siempre parte de la dinámica de los bosques patagónicos, pero en los últimos años la combinación de clima más cálido y seco, expansión urbana y agrícola y decisiones políticas ha producido una temporada de fuegos sin precedentes.

El verano 2024‑2025 fue el más grave de las últimas décadas; se estima que en la Patagonia Andina se quemaron 55 962 hectáreas de bosques, pastizales y plantaciones y que casi el 18 % de la superficie “quemable” de la Comarca Andina se incendió en las dos últimas décadas. La temporada 2025‑2026 arrancó el 5 de enero de 2026 con incendios en Puerto Patriada (Chubut) y otras áreas cordilleranas; a mediados de enero, los fuegos habían consumido entre 5 500 y 7 000 hectáreas y obligaron a evacuaciones masivas.
A continuación se presenta un análisis de sus causas y consecuencias ambientales, económicas y políticas.
Contexto y factores ambientales
1. Factores climáticos y ecológicos
Clima más cálido y seco: El verano 2025‑2026 se adelantó; brigadistas informan temperaturas de 32 °C y ausencia de precipitaciones a principios de enero. Altas temperaturas, baja humedad y vientos fuertes mantienen las llamas activas incluso de noche. La combinación de calor, combustible y oxígeno –el “triángulo del fuego”– aumenta la intensidad de los incendios.
Efecto del cambio climático: Investigaciones de la Universidad del Comahue indican que a mediados del siglo XXI las probabilidades de incendio en la Patagonia podrían multiplicarse por 2‑3, y a finales de siglo por 3‑8 veces, dependiendo de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las condiciones de sequía y vientos extremos experimentadas en 2024‑2026 reflejan estas proyecciones.
Ecosistemas vulnerables: El bosque andino‑patagónico, ubicado a lo largo de la cordillera desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, alberga especies de lenga, coihue, arrayán y ciprés. La recuperación tras un incendio puede tardar décadas; según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) la regeneración de la estructura forestal y sus funciones ecológicas en la Patagonia depende de la intensidad del fuego y puede requerir décadas.
Invasión de pinos y carga de combustible: La expansión de plantaciones de pinos, promovidas en los años 70, ha generado bosques uniformes altamente inflamables. Expertos señalan que el pino es una especie “pirogénica” (ardiente) y “pirofílica” (favorecida por el fuego) y que su presencia multiplica la intensidad del fuego hasta 30 veces respecto a las especies nativas. Además, la falta de control sobre estas invasiones incrementa la continuidad horizontal y vertical del combustible.
Infraestructura y expansión urbana: La Comarca Andina carece de mantenimiento adecuado en los tendidos eléctricos, responsables de numerosos focos. Se han desarrollado viviendas y emprendimientos turísticos en interfaces urbano‑forestales sin suficiente planificación; las provincias de Río Negro y Chubut debían actualizar hace una década su ordenamiento territorial de bosques y aún no lo han hecho. Este avance de la urbanización en el bosque incrementa el riesgo de incendios.
Ignición humana: La inmensa mayoría de los incendios son causados por personas. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) y FARN calculan que 95 % de los incendios en Argentina son provocados por actividades humanas, ya sea por imprudencia, quemas para cambio de uso del suelo o vandalismo. Los incendios de Puerto Patriada se investigan como intencionales; las autoridades hallaron acelerantes y el gobernador de Chubut ofreció una recompensa para identificar a los responsables.
2. Evolución de los incendios 2025‑2026
Inicio y propagación: Según la NASA, los incendios comenzaron el 5 de enero de 2026 y se propagaron rápidamente por la vegetación seca y los vientos de más de 40 km/h. Puerto Patriada, a orillas del lago Epuyén, fue el foco más grave, con llamas que avanzaron hacia El Hoyo y Epuyén. El incendio cruzó la ruta 40 y se extendió a bosques, pastizales y plantaciones.
Superficie afectada: Para el 8 de enero de 2026, las autoridades provinciales contabilizaban 5 500 hectáreas quemadas en Chubut y 764 hectáreas en el Parque Nacional Los Glaciares en Santa Cruz. El mapa de incendios del Servicio Europeo Copernicus (JRC‑GWIS) estimaba que 17 500 hectáreas se habían quemado en la Patagonia hasta el 8 de enero. La prensa local hablaba de más de 7 000 hectáreas de bosques, pastizales y viviendas afectadas.
Evacuaciones y víctimas: Los incendios obligaron a evacuar a alrededor de 3 000 personas, en su mayoría turistas y residentes de El Hoyo y Puerto Patriada. La AP reportó que más de 3 000 turistas fueron evacuados y que más de 2 000 hectáreas se habían quemado para el 8 de enero. Brigadistas voluntarios trabajaron jornadas de hasta 20 horas para proteger viviendas.
Áreas protegidas: El fuego llegó a sectores del Parque Nacional Los Alerces (Chubut) y al Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz). El área natural protegida Río Azul‑Lago Escondido (ANPRALE) registró en 2024‑2025 sus primeros incendios en décadas y todavía no cuenta con un plan aprobado de manejo del fuego.
3. Impactos ambientales
Pérdida de biodiversidad y hábitats: Los incendios destruyen bosques de lenga, coihue y ciprés, afectando a especies dependientes de estos ecosistemas. Ecologistas advierten que los fuegos fragmentan y reducen los hábitats, amenazando a la fauna local y generando condiciones para la expansión de especies invasoras como el pino.
Suelo y ciclos hidrológicos: La quema intensa degrada los suelos, provoca erosión y reduce la capacidad de retención de agua. La reducción de la cobertura vegetal disminuye la infiltración y aumenta el riesgo de deslizamientos y turbidez en los ríos. La liberación de cenizas y compuestos reduce la calidad del agua en lagos y cursos, afectando el abastecimiento humano y a las actividades turísticas.
Emisiones de carbono: La pérdida de bosques convierte a la Patagonia en fuente de gases de efecto invernadero. La quema de biomasa emite dióxido de carbono, metano y aerosoles, contribuyendo al calentamiento global y retroalimentando el riesgo de nuevos incendios.
Recuperación lenta y riesgo de degradación: La recuperación ecológica depende de la intensidad y la frecuencia del fuego. En la Patagonia, la regeneración de bosques maduros puede tardar décadas, y la recurrencia de incendios convierte los bosques en matorrales o pastizales menos diversos.
Impacto económico
1. Pérdidas directas
Turismo y recreación: La Comarca Andina y los parques nacionales dependen del turismo de naturaleza. Los incendios destruyeron campings, refugios y senderos, obligando a cerrar sitios como Lago Verde en Los Alerces y a evacuar zonas de trekking en ANPRALE. La interrupción de la temporada turística genera pérdidas en hospedajes, restaurantes y guías.
Infraestructura y viviendas: Se reportaron 70 viviendas destruidas en Epuyén y 144 casas en El Bolsón durante los incendios 2024‑2025. En enero de 2026 las llamas alcanzaron viviendas y chacras en El Hoyo y Epuyén, provocando pérdidas materiales y generando gastos para la reconstrucción.
Actividades productivas: El fuego afecta pastizales y plantaciones (pinos, frutales), causando pérdidas en ganadería, apicultura y silvicultura. Los caminos y líneas eléctricas dañados interrumpen el suministro de energía y el transporte de productos.
Costes de combate: Para el 11 de enero de 2026, la provincia de Chubut había desplegado 565 brigadistas, seis aviones y dos helicópteros. Las operaciones de combate incluyen equipos, vehículos, combustible, alojamiento y alimentación. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego declaró alerta roja en ocho provincias y movilizó recursos aéreos y terrestres.
2. Financiamiento y recortes presupuestarios
Subejecución del SNMF: La Fundación Ambiente y Recursos Naturales analizó que en 2025 el Servicio Nacional de Manejo del Fuego dejó sin ejecutar 25 % del presupuesto asignado, equivalente a casi $20 000 millones de pesos. En 2024 solo se ejecutó el 22 % del presupuesto anual del SNMF, un 81 % menos en términos reales que en 2023. Para 2026 se proyecta una caída real del 71,6 % en comparación con 2025.
Fondos no utilizados y desvío de prioridades: Informes de FARN señalan que el SNMF, financiado por el 0,3 % de las pólizas de seguros y por el presupuesto nacional, contaba con más de $33 000 millones en 2025 pero no ejecutó ni un peso hasta mayo de ese año. La transferencia del SNMF desde la Subsecretaría de Ambiente al Ministerio de Seguridad generó dudas sobre las prioridades y la capacidad de gestión.
Proyectos de prevención paralizados: Investigaciones periodísticas indican que el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, bloqueó más de 600 000 dólares provenientes de organismos internacionales para programas de prevención en Epuyén, El Hoyo y Lago Puelo desde marzo de 2024. Estos fondos eran parte de un programa de 3,5 millones de dólares destinado a varias provincias. La falta de ejecución dejó sin trabajos de reducción de combustible y cortafuegos en las zonas ahora afectadas.
Recortes bajo el gobierno nacional: La revista Ecociencias y Chequeado destacan que el presidente Javier Milei propuso un presupuesto 2026 que reduce drásticamente el financiamiento del SNMF y de políticas ambientales: la participación del SNMF caería de 0,032 % del gasto total en 2023 a 0,014 % en 2026. Estas reducciones, sumadas a la inflación, disminuyen la capacidad operativa para prevención y combate.
3. Costos futuros
Reparación y restauración: La restauración de bosques y suelos implica inversiones en reforestación con especies nativas, control de erosión y reconstrucción de infraestructura turística y productiva. La falta de recursos compromete la recuperación de la región y la reactivación económica.
Pérdida de oportunidades de desarrollo sostenible: La Patagonia andina ofrece servicios ambientales (captura de carbono, agua dulce, recreación) fundamentales para el bienestar regional. El deterioro de estos servicios limita iniciativas de desarrollo sostenible, afectando a comunidades indígenas y rurales que dependen del bosque para su subsistencia.
Dimensión política y social
1. Debate sobre responsabilidades
Culpabilización de comunidades indígenas: En medio de la emergencia, algunos funcionarios han señalado a comunidades mapuches como responsables. La FARN advierte sobre la criminalización de pueblos indígenas y activistas ambientales sin pruebas, mientras los incendios suelen estar vinculados a intereses agroindustriales e inmobiliarios que buscan cambiar el uso del suelo.
Origen intencional de los fuegos: La Fiscalía de Chubut confirmó que el incendio de Puerto Patriada se inició con acelerantes. El gobernador Torres anunció recompensas y aseguró que los responsables serán castigados. Esta investigación reaviva el debate sobre la aplicación de las leyes penales para los incendios dolosos y la impunidad en casos anteriores.
Participación ciudadana: Brigadas voluntarias como Mallín Ahogado surgieron tras los incendios de 2021 y realizan tareas de contención y evacuación. Su acción fue crucial durante los incendios 2024‑2025, aunque denuncian la pérdida de equipamiento y la falta de apoyo estatal.
2. Falencias en la planificación y prevención
Planes no implementados: La ley 27.520 (Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático de 2019) ordenó a los gobiernos fortalecer los programas de detección y prevención de incendios. La actualización de 2022 comprometió al gobierno nacional a elaborar planes de manejo del fuego para todos los parques nacionales y a las provincias a elaborar sus estrategias. Sin embargo, estos planes no se han implementado en áreas como el ANPRALE, que carece de plan de evacuación y de guardaparques suficientes.
Falta de ordenamiento territorial: Río Negro y Chubut no actualizaron su Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos en el plazo legal. Esto impide identificar zonas de alta conservación y establecer restricciones a la ocupación y a las plantaciones comerciales.
Descoordinación institucional: El traslado del SNMF al Ministerio de Seguridad y los cambios de autoridades han generado vacíos operativos. Organizaciones ambientalistas reclaman una gestión integral que incluya prevención, reducción de combustibles, educación y restauración. La falta de coordinación entre Nación, provincias y municipios retrasa la respuesta y aumenta los daños.
3. Reacción social y reclamos políticos
Demandas de mayor inversión: Sindicatos de brigadistas, organizaciones ambientales y partidos de oposición exigen una declaración de emergencia ambiental y la asignación de mayores recursos al SNMF. Los recortes presupuestarios y la subejecución de fondos se ven como factores que agravan la crisis.
Transparencia y rendición de cuentas: FARN y otras entidades piden transparencia sobre el uso de los fondos disponibles y cuestionan la decisión de no ejecutar partidas presupuestarias. También solicitan que se investiguen las causas de los incendios y se sancione a los responsables, incluidos quienes promueven el cambio de uso del suelo.
Cooperación internacional: Ante la magnitud de los incendios, el gobierno de Chile ofreció cooperación y apoyo logístico. Este gesto subraya la necesidad de coordinar esfuerzos regionales, ya que los incendios en Patagonia también afectan a Chile y a la atmósfera de la región austral.
Conclusiones y recomendaciones
Los incendios en la Patagonia evidencian la estrecha relación entre la crisis climática, la gestión del territorio y las decisiones políticas. El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de los incendios, pero el 95 % de los focos se origina por acción humana. La expansión inmobiliaria y las plantaciones de pinos sin control aumentan la carga de combustible y el riesgo de propagación. La respuesta estatal se ha visto limitada por recortes presupuestarios y por la falta de ejecución de fondos asignados.
Para enfrentar esta crisis se requieren acciones coordinadas y de largo plazo:
Fortalecer la prevención y la detección temprana: Implementar los planes de manejo del fuego en todas las áreas protegidas y actualizar el ordenamiento territorial de bosques. Mantener líneas eléctricas y crear cortafuegos alrededor de viviendas y rutas. Regular las plantaciones de pinos e incentivar la restauración con especies nativas.
Aumentar y ejecutar el presupuesto: Garantizar que el SNMF cuente con fondos suficientes y que se ejecuten de manera oportuna. Asegurar la transparencia en el uso de recursos y destinar partidas específicas a la capacitación y el equipamiento de brigadistas.
Planificación territorial y desarrollo sostenible: Limitar la expansión de urbanizaciones en zonas de alto riesgo y promover modelos de turismo y producción sostenibles. Incorporar a las comunidades locales e indígenas en la planificación y gestión del fuego, reconociendo su conocimiento tradicional.
Responsabilidad penal y control del uso del suelo: Investigar y sancionar a quienes provocan incendios intencionales para cambiar el uso del suelo. Fortalecer la aplicación de las leyes ambientales y forestales.
Cooperación regional e internacional: Fomentar la colaboración entre provincias argentinas y con países vecinos, como Chile, en materia de intercambio de información, brigadistas y recursos aéreos. Aprovechar herramientas de monitoreo satelital (NASA, JRC‑GWIS) para anticipar situaciones de riesgo.






























