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Una sanción de 18 meses a un futbolista de 14 años abrió un fuerte debate en la Liga Pampeana

  • Foto del escritor: La Pampa
    La Pampa
  • hace 1 minuto
  • 5 min de lectura

Corrado Cassou, jugador de la sexta división de All Boys de Trenel, fue suspendido por un año y medio tras un incidente con un árbitro. El adolescente reconoció haberlo insultado, pero negó una agresión física. El club pidió que se revise el castigo por considerarlo excesivo y desproporcionado para una categoría formativa.


Una sanción de inusual dureza aplicada a un futbolista de apenas 14 años generó preocupación y abrió un profundo debate en el fútbol juvenil de La Pampa. El Tribunal de Disciplina de la Liga Pampeana suspendió durante un año y seis meses a Corrado Cassou, jugador de la sexta división de All Boys de Trenel, por un episodio ocurrido durante un partido ante DXT.


La resolución no solo impactó en la familia y en el entorno del adolescente, sino que también instaló una discusión más amplia: ¿hasta qué punto una sanción de estas características cumple una función educativa y cuándo comienza a convertirse en una exclusión que puede alejar definitivamente a un joven del deporte?


El episodio tuvo lugar el sábado 8 de agosto, durante el encuentro de ida de las semifinales de sexta división entre DXT y All Boys, disputado en Trenel. El partido fue dirigido por Lautaro Díaz, integrante de la Asociación Civil de Árbitros encabezada por Martín Gubar.


Según la versión brindada por la familia del jugador, la situación comenzó luego de una infracción que el árbitro no sancionó. El adolescente cayó al suelo y, cuando se levantó, reaccionó con un insulto hacia el juez del encuentro.


“Mi hijo le dijo ‘sacá la amarilla, cagón’ y le sacó la roja directa”, relató Romina, la madre del futbolista, quien reconoció la conducta inapropiada de su hijo, pero negó que haya existido una agresión física.


De acuerdo con su testimonio, luego de la expulsión el jugador intentó reclamar, sus compañeros intervinieron y finalmente se retiró caminando del campo de juego. La familia sostiene que el adolescente nunca empujó al árbitro, tal como habría quedado asentado en el informe presentado posteriormente.


“No queremos victimizarnos y vamos con toda la verdad”, aclaró la mujer. También lamentó que no existan registros audiovisuales del episodio, ya que la controversia quedó reducida al informe arbitral, el descargo del jugador y las declaraciones de quienes presenciaron la situación.



Una suspensión que se extenderá durante un año y medio

El caso fue elevado al Tribunal de Disciplina de la Liga Pampeana, que analizó el informe del árbitro y el descargo presentado por el futbolista. Finalmente, el organismo resolvió por unanimidad aplicarle una suspensión de 18 meses, de acuerdo con el artículo 183 del Reglamento de Transgresiones y Penas.


El castigo sorprendió por su extensión, especialmente porque recayó sobre un adolescente que se encuentra atravesando una etapa clave de su formación deportiva.

Además, el Tribunal impuso a All Boys una multa equivalente a 35 valores entrada durante dos partidos en los que actúe como local. El monto total informado asciende a 700 mil pesos.


La madre del jugador señaló que su hijo reconoció el insulto, pidió disculpas durante el descargo y explicó que se trató de su primera situación disciplinaria de estas características.


“Juega en el club desde los cinco años. El fútbol es su sueño, vive y respira fútbol. Nos parece una locura que lo suspendan un año y seis meses”, expresó.



All Boys solicitó una readecuación de la sanción

Frente a la resolución, integrantes de la dirigencia de All Boys presentaron formalmente un pedido para que el Tribunal revise y readecúe el castigo, al considerar que resulta “excesivo” y “desproporcionado” para un jugador de una categoría juvenil.


Desde la institución aclararon que respetan las normas y los procedimientos disciplinarios, pero remarcaron que una suspensión tan prolongada puede tener consecuencias que exceden ampliamente lo deportivo.


“Una sanción de esta magnitud implica, en la práctica, excluir al jugador de la actividad durante un período muy prolongado, afectando no solo su participación en la competencia, sino también su proceso de formación, desarrollo y vínculo con el deporte”, plantearon.


Los dirigentes consideran que la edad del futbolista, la ausencia de antecedentes y el carácter formativo de la competencia deberían ser contemplados al momento de determinar el castigo.


Mientras aguardan una respuesta del organismo, anticiparon que, una vez conocida la decisión, evaluarán los pasos que seguirán para defender los intereses del adolescente y de la institución.



“¿Sancionar o formar?”

El caso también motivó a un grupo de colaboradores vinculados con All Boys de Trenel a elaborar un documento titulado “¿Sancionar o formar? El desafío del deporte juvenil”.


El escrito no desconoce la autoridad del árbitro ni pretende que los adolescentes queden exentos de cumplir las reglas. Por el contrario, propone discutir qué clase de sanciones resultan apropiadas cuando se trata de menores y cuál debería ser su finalidad dentro de una competencia formativa.


“Más allá de las circunstancias particulares, que deberán ser analizadas, cabe preguntarse si una medida de semejante magnitud resulta compatible con el verdadero sentido de una competencia destinada a adolescentes”, sostiene el documento.


El planteo parte de una realidad conocida por quienes trabajan diariamente en los clubes: en las divisiones inferiores, el fútbol no se limita al resultado de un partido. Las instituciones son espacios de pertenencia, socialización y contención, donde chicos y chicas forman vínculos, aprenden a convivir con reglas y comienzan a manejar frustraciones y conflictos.


Por ese motivo, los colaboradores se preguntaron si mantener a un joven fuera de la competencia durante 18 meses ayudará verdaderamente a corregir su conducta o si, por el contrario, terminará debilitando el proceso formativo que el propio club desarrolla desde hace años.



El arbitraje juvenil, también bajo la mirada

El documento extiende el análisis al papel de los árbitros en las categorías juveniles. Reconoce que son la máxima autoridad dentro del campo de juego y que sus decisiones deben ser respetadas, pero advierte que dirigir partidos protagonizados por menores requiere herramientas específicas.


Desde esa perspectiva, se propone que las capacitaciones y controles no alcancen solamente a jugadores, entrenadores y dirigentes, sino también a quienes imparten justicia, principalmente en aspectos relacionados con el trato hacia los adolescentes y la manera de intervenir ante situaciones conflictivas.


También se pide que los expedientes disciplinarios no dependan únicamente del peso del informe arbitral y que cada caso pueda evaluarse de manera integral, contemplando los descargos, los testimonios disponibles, los antecedentes y el contexto en el que ocurrió el hecho.


La discusión no pasa por negar el insulto ni por quitarle autoridad al árbitro. El interrogante es otro: qué respuesta debe ofrecer el deporte ante la equivocación de un adolescente.

“Si el objetivo es formar, la sanción debería permitir aprender. Si el objetivo es corregir, debería existir una oportunidad de reparar”, resume el documento.


Mientras All Boys espera que el Tribunal de Disciplina responda el pedido de revisión, el caso ya trascendió el resultado de una semifinal. La sanción puso sobre la mesa una discusión necesaria para todo el fútbol juvenil: cómo establecer límites y corregir conductas sin perder de vista que, detrás de cada camiseta, hay adolescentes que todavía están aprendiendo.


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