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2 de abril: el recuerdo que no se apaga – la historia de Gustavo Díaz, un héroe que también es parte de Winifreda

  • Foto del escritor: Winifreda
    Winifreda
  • 2 abr
  • 4 Min. de lectura

En cada 2 de abril, la memoria colectiva argentina vuelve a latir con fuerza. Es un día de homenaje, de respeto y de reflexión. Un día para detenerse, mirar hacia atrás y honrar a quienes dejaron todo por la Patria. Entre ellos, la historia de Gustavo Díaz —excombatiente de Malvinas, sobreviviente del hundimiento del ARA General Belgrano y vecino muy querido en Winifreda— se convierte en un testimonio profundo, humano y conmovedor.


Las imágenes que acompañan esta nota —desde los sobrevivientes en balsas en medio del mar helado hasta los retratos actuales de Díaz rodeado de recuerdos— no son solo fotografías: son fragmentos de una vida marcada para siempre por la guerra, pero también por la fortaleza, la memoria y el amor por los suyos.



Un joven pampeano en medio de la historia

Gustavo Díaz nació el 20 de mayo de 1962 en Santa Rosa. Como tantos jóvenes de su generación, fue convocado al servicio militar obligatorio. Tenía apenas 19 años cuando el destino lo colocó en la Base Naval de Puerto Belgrano, y luego, en uno de los escenarios más trágicos de la guerra: el Crucero ARA General Belgrano.


El 2 de abril de 1982, mientras cumplía la “colimba”, escuchó la noticia que cambiaría su vida para siempre: Argentina había recuperado las Islas Malvinas. Días después, el 16 de abril, el buque zarpó hacia el Atlántico Sur con más de mil tripulantes.


“Era todo nuevo para mí, incluso conocer el mar”, recordaría años más tarde. Pero lo que parecía una experiencia desconocida pronto se transformó en una pesadilla.



El horror del 2 de mayo: sobrevivir a lo imposible

El 2 de mayo de 1982, a las 16:02, el submarino nuclear británico HMS Conqueror lanzó los torpedos que impactaron de lleno en el Belgrano. En cuestión de minutos, el barco quedó a oscuras, inclinado y condenado a hundirse.


Díaz estaba a punto de tomar su guardia. Había salido minutos antes del comedor donde murieron cientos de compañeros.


“Sentimos un golpe seco. Se cortó la luz. No veíamos nada. Empezamos a buscar la salida…”, relató.


El comandante dio la orden de abandonar el buque. Gustavo logró subir a una balsa junto a otros soldados. Desde allí, vio cómo el crucero desaparecía en el mar.


En ese ataque murieron 323 argentinos. Entre ellos, cuatro pampeanos, amigos suyos.



44 horas en el infierno del Atlántico Sur

Lo que siguió fue una lucha brutal por la supervivencia. Durante casi dos días, Díaz y sus compañeros permanecieron a la deriva en una balsa, enfrentando olas de hasta diez metros, vientos helados y una sensación térmica cercana a los 20 grados bajo cero.


“Sacábamos el agua con los borceguíes… rezábamos… no podíamos dormirnos porque nos moríamos”, recordó.


El frío, el hambre, la desesperación y la incertidumbre marcaron esas horas eternas. Algunos no resistieron. Otros, como él, lograron mantenerse con vida.


El rescate llegó el 4 de mayo. “Ese día volví a nacer”, afirma.



Una vida marcada por Malvinas

Volver no significó olvidar. Gustavo continuó su servicio militar, incluso asistiendo en la atención de heridos y fallecidos. Luego, inició una nueva etapa, formando su familia, trabajando y reconstruyendo su vida.


Pero Malvinas nunca se fue.

Su casa, sus recuerdos, sus palabras, todo en él habla de aquella experiencia. Las fotos, las banderas, las historias compartidas con sus hijos y nietos… cada rincón mantiene viva la memoria.


“Malvinas es siempre un sentimiento”, resume.

Con el paso del tiempo, también llegaron las emociones más profundas. La sensibilidad, las lágrimas, el peso de los recuerdos. Hubo momentos en los que tuvo que alejarse de las actividades relacionadas con la guerra para poder sanar.


“Pensé que lo había superado… pero de eso no te olvidás nunca”, reconoce.


El vínculo con Winifreda

En Winifreda, Gustavo Díaz no es solo un excombatiente. Es un vecino querido, alguien que supo formar lazos, amistades y afectos que perduran hasta hoy.


Durante un tiempo vivió en la localidad por cuestiones laborales, y aún conserva amigos que lo recuerdan con cariño y con quienes mantiene el contacto.


Su historia también es parte de la memoria de Winifreda.


Gustavo Díaz - 1982
Gustavo Díaz - 1982

Un mensaje que trasciende el tiempo

A más de cuatro décadas de la guerra, Díaz sostiene una convicción clara: la causa Malvinas no debe olvidarse.


“Está prohibido olvidar”, dice. Y en esa frase se resume todo: el dolor, el orgullo, la memoria y el compromiso.


Hoy disfruta de su familia, de sus hijos y nietos, de los pequeños momentos que la vida le regaló después de haber sobrevivido a lo impensado. Pero también mantiene intacto el recuerdo de sus compañeros, especialmente de aquellos que no volvieron.


Su deseo pendiente es visitar el cementerio de Darwin, rendir homenaje a quienes quedaron allá, en esas islas que siguen siendo parte del corazón argentino.



2 de abril: memoria, respeto y homenaje

En este Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, la historia de Gustavo Díaz nos interpela. Nos recuerda que detrás de cada nombre hay una vida, una familia, una historia.


Nos enseña que la guerra no termina cuando cesan los disparos.

Y nos invita, una vez más, a no olvidar.


Porque como él mismo lo dice, con la voz quebrada pero firme:

“Más allá de todo… hay que seguir. Pero no podemos olvidar. No podemos olvidar a nadie.”

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